lunes, 8 de abril de 2013

Cielo arañuelo



El  cielo  arañuelo

Pueblos hay que conocen las estrellas,
acostumbrados a los frutos, casi
tallados a la imagen de sus hombres
que saben de semillas por su tacto.
Claudio Rodríguez

       Tu mi tierra no tienes océanos, ni legendarios mares, pero tienes el cielo mas luminoso de cuantos hay en esta vieja piel de toro que llaman España. Tus labradores no son geógrafos, pero si astrónomos, que llaman sencilla mente carro, a la constelación de la Osa Mayor, y como no hay carro sin lanza, desde esta van nombrando  las estrellas y luceros y recitando las poblaciones a las que apuntan: Navalcan y Parrillas. Caleruela, Valdeverdeja, Puente del Arzobispo...

         Noche de verano en los últimos días sofocantes de Julio en la era. El joven permanece solo en el guango. Sus padres marcharon a la aldea pues al abuelo le habían dado la extremaunción y se le acababa la vida. Por la tarde había terminado de trillar una parva, y con el bieldo lo había recogido en una almiara alargada, para a la mañana siguiente, si el viento solano sopla, limpiar el grano separándolo de la paja.

         La noche es oscura, la luna, como filo de navaja, nada ilumina. Las estrellas brillan con una luz radiante, y el joven, tumbado y sin dormir, contempla el firmamento y recuerda los versos de Gabriel y Galán que el maestro les leía en la escuela:
…………………
Más arriba, los luceros de diamante;
más arriba, las estrellas plateadas;
más arriba, las inmensas nebulosas
infinitas, melancólicas, arcanas…
más arriba, Dios y el éter…más arriba,
Dios a solas en la gloria con las almas…
¡Con las almas de los buenos que la tierra
fecundaran con regueros de sus lágrimas!

El joven con los ojos llorosos piensa en su abuelo y cree que para vivir y morir su tierra, y para la otra vida ese cielo que se le presenta grandioso, infinito y hospitalario.

En este cielo arañuelo se siente la creación y con ella a Dios, como le sintió Unamuno desde las cercanas cumbres de Gredos:
Aquí le siento palpitar a mi alma
de noche frente a Sirio
que palpita en la negra inmensidad,
aquí, al tocarme así, siento la palma
de este largo martirio
de no morir de sed de eternidad.

Eta Carina - Foto de Larga exposición

San Martín de Pusa



San Martín de Pusa
Sobrio señorío toledano

Estas tierras han sido habitadas por diversas civilizaciones desde el Neolítico. Poblada por celtas y romanos. Con fuerte impronta y leyenda de mozárabes y templarios, el Pozuelo es el génesis del que fue más tarde Señorío de Valdepusa con capital en San Martín de Pusa.



    Vista del palacio de la familia Fernández de Córdoba en San Martín de Pusa

El señorío de Valdepusa tiene sus orígenes en un señorío solariego propiedad del Camarero Mayor del infante don Fernando  quien ya lo poseía en 1293.En el siglo XIV,  paso a ser señorío jurisdiccional por concesión de Pedro I de Castilla el 26 de Mayo de 1357 a don Diego  Gómez de  Toledo, noble toledano que llego a  emparentar con este monarca, ya que su hija pequeña doña Teresa tuvo una hija con  el  monarca, doña María, que luego sería  priora del toledano convento de Santo Domingo “el real”.

La villa de San Martín de Pusa se encuentra situada en el centro del antiguo señorío. Su fundación se debe a los vecinos del antiguo y cercano poblado de El Pozuelo, que acogiéndose a la Carta Puebla, otorgada por su señor don Payo de Ribera el 3 de Abril de 1457, pasaron a residir en esta.

Jardines de la casa-palacio de los señores de San Martín de Pusa
La genealogía de este Señor de Valdepusa, tiene como progenitores al legendario don Per Afán de Ribera Adelantado de Andalucía, y a su segunda esposa la toledana doña Aldonza de Ayala y Gómez de Toledo Señora de Valdepusa. Ambos fundaron la cartuja sevillana de Nuestra Señora de las Cuevas, donde están enterrados. Después de la exclaustración en el siglo XIX, esta fue sede de la fábrica de porcelanas inglesas  Pigkman y Compañía de Sevilla y más tarde sede la Exposición Universal de Sevilla celebrada en 1992. 

Un nieto de estos, levanto, en San Martín de Pusa,  una casa fuerte en 1470 junto a una antigua torre, perteneciente a un castro celta, pues en ella se halló una escultura zoomorfa de un verraco vettón (500-150 a.C).



Junto al palacio o casa-fuerte y las viviendas de los primeros pobladores se levantó un templo bajo la advocación de San Martín Obispo de Tours, por estas razones y por encontrarse esta villa en el valle del Pusa tomó el gentilicio de Valdepusa. Fue desde antiguo conocida como San Martín de Valdepusa.

En el siglo XVI, la villa de San Martín de Pusa se convirtió en el centro administrativo y de justicia del señorío, y a él pertenecía Santa Ana de Pusa y Los Navalmorales de Pusa, e incluso Malpica. Por este motivo se impulsaron grandes obras, como la iglesia actual, el ayuntamiento, el pósito, la cilla, la casa donde residía el administrador, un hospital para peregrinos (casa rectoral), así como la remodelación del palacio. 
 
Iglesia parroquial de San Martín de Pusa

Su esbelta iglesia, y en especial su torre, construida sobre otra anterior, es de finales del XVI. Obra de aparejo toledano, donde el ladrillo se nos muestra sobrio y arquitectónicamente majestuoso. Parece salida de las manos del maestro Fray Lorenzo de San Nicolás, creador del barroco-talaverano, y autor de la torre de la iglesia de Los Navalmorales, con la cual guarda gran parecido. 

Villa amada por sus señores, los cuales alcanzaron el título de Marqués de Malpica, con Grandeza de España, luego duques de Arión. 
El palacio de San Martín de Pusa, fue dado en el siglo XIX, junto con el título de marqués de Montalvo, a don Nicolás Fernández de Córdoba Álvarez de las Asturias y Bohórquez, quien lo recibió de su padre, décimo séptimo señor de Valdepusa y duque de Arión, marqués de Malpica, Mirabel, Povar, Mancera, Valero y Montalvo y conde de Gondomar, Berantevilla, Los Navalmorales y Melgar. Por último, el título de marqués de Zugasti llegaría a esta casa por donación de María Luisa Fernández de Córdoba y Álvarez de los Asturias Bohórquez, hermana de don Nicolás.

Pasear por la villa de San Martín de Pusa, caminando por sus recoletas calles y plazas, es encontrarse con una población antigua y señorial, pues todo rezuma historia y siglos. Podremos apreciar una arquitectura de aparejo toledano, que aquí se nos presenta de inigualable belleza. Es también, disfrutar de la hospitalidad de sus vecinos, gentes castellanas de amable trato que emana de su sencillez.

 
Portada de la casona de los administradores de los señores de Valdepusa
En la vieja casona que fue de los administradores, se hospedó Santa Teresa de Jesús, cuando desde la Puebla de Guadalupe se dirigía a la Puebla de Montalbán, para visitar a unos deudos.
Pasear por la villa de San Martín de Pusa, caminando por sus recoletas calles y plazas, es encontrarse con una población antigua y señorial. Es también, disfrutar de la hospitalidad de sus vecinos, gentes castellanas de amable trato que emana de su sencillez.

 
Fachada de la ermita del Santísimo Cristo de Valdelpozo
En una recóndita plaza se halla la ermita bajo la advocación del Santísimo Cristo de Valdelpozo, imagen que los antiguos vecinos de El Pozuelo, trajeron a la villa cuando vinieron a poblarla.
Santísimo Cristo de Valdelpozo
La imagen del Cristo, fue escondida por los naturales, en un pozo,  para librarle de la furia y sin razón de los franceses de Napoleón. Don Rómulo Muro, ilustre puseño y preclaro periodista, escribió un bello poema a su Cristo de Valdelpozo del que citamos algunos de sus versos:
.....................................
Los puseños le salvaron
de la vil furia francesa,
y el Cristo salvará siempre
al pueblo que le venera,
porque el Santísimo Cristo
del Valdelpozo no deja
el amor que se le tiene
sin debida recompensa.

En este decoroso templo, casa de todos los puseños, hay una pilastra tardo-romana.
Ayuntamiento de San Martín de Pusa

El ayuntamiento fue levantado a finales del siglo XV, cuando los Reyes Católicos mandaron hacer casas donde se ayuntaran los Concejos de las villas de Castilla, o, en caso de desobediencia, pena de supresión de fueros y prebendas.
San Martín de Pusa siguió esta pragmática y levantó una magnífica casa grande donde pudo ayuntar su concejo, del que fue alcalde honorífico Alfonso XIII.