domingo, 24 de marzo de 2013

Los calvarios de mi tierra



Los calvarios de mi tierra  
                            
Santas cruces, santas cruces
que alzaron nuestros abuelos
desde el pueblo a la colina
que se alza a orilla del pueblo 
con memorando el sublime
sacrificio del cordero.
Poco a poco, santas cruces
vais cayendo, vais cayendo,
y conforme caéis, caen
la paz del hogar doméstico
y la paz de la república
que a vuestro pie florecieron.
                                                                                                                                                                    Antonio Trueba


         El Beato Álvaro de Córdoba (Zamora 1360?  Córdoba 1430). Después de volver de una peregrinación en 1419 a Tierra Santa, quedó impactado en el corazón, por el doloroso Camino del Calvario, recorrido por Cristo. Fundó en las afueras de Córdoba el famoso y observante Convento de Scala Coeli donde había varios oratorios que reproducían la “vía dolorosa”, por él venerada en Jerusalén. Esta sagrada representación fue imitada en otros conventos, dando origen a la devoción a la "vía dolorosa" o Vía Crucis en España que después fueron imitadas por toda la cristiandad.

       A mediados del siglo XVI el noble sevillano don Fadrique Enrriquez de Ribera, de la estirpe de los Adelantados de Andalucía, I Marques de Tarifa, visito un siglo después Tierra Santa. Contó los pasos desde donde se creía estuvo el pretorio de Pilatos hasta el Gólgota donde fue sacrificado Cristo. A su regreso  a Sevilla creo un Vía Crucis, desde su casa, que, a partir de entonces, sería popularmente conocida como Casa de Pilatos, residencia actual de los Duques de Medinaceli, hasta la última cruz, denominada La Cruz del Campo, por estar esta en el siglo XVI en el campo, que luego daría su nombre a una popular cerveza sevillana.

        Desde muy antiguo, la diócesis de Ávila, a la cual perteneció la comarca del Campo Arañuelo Toledano, a excepción de Alcolea y Puente del Arzobispo (que pertenecían a la Diócesis de Toledo), se recomendó levantar Vía Crucis en las diferentes parroquias de nuestra tierra, entre los que destacan, por su belleza y peculiar estetica los de:

        El de Las Ventas de San Julián, que asciende a un montículo o promontorio desde donde se divisa la Cañada Real Leonesa Occidental tan usada durante centurias por los rebaños acogidos al Real Consejo de la Mesta, que en su lento caminar inspiraron los versos a Antonio Machado: 


Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes,
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.

Ascender hasta su cima constituye un agradable paseo que invita al soliloquio, pues como dice Antonio Machado: “quien habla solo espera hablar a Dios un día”.

       El de El Torrico ha dejado sus restos entre casas, por una calle, que bien podía llamarse Calle de La Amargura, donde la Virgen se encontró con su hijo. Va en dirección al camino que conduce a la ermita de Santa Ana, y desde donde se nos presenta majestuosa la Sierra de Altamira, antiguamente llamada de Los Carvajales, por donde transcurre el camino hacia el Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe y con López de Ayala proclamar con sus versos:

Sennora, por cuanto supe
tus acorros, en ti aspero,
e a tu casa en Guadalupe
prometo ser romero.

      El de Herreruela de Oropesa, partiendo de la Parroquia de San Ildefonso, asciende hasta la Sierra de la Ventosilla, donde tres cruces nos recuerdan la crucifixión de Cristo y desde donde podemos ver una de las panorámicas más majestuosas de nuestra tierra, y en silencio recitar los versos de Gabriel y Galan:

Yo he nacido en esos llanos
de la estepa castellana,
donde había unos cristianos
que vivían como hermanos
en república cristiana.

Me enseñaron a rezar,
enseñáronme a sentir
y me enseñaron a amar;
y como amar es sufrir,
también aprendía a llorar.

         El de Lagartera sube entre huertos y olivos hasta un promontorio donde la Capilla del Fraile (altar) y sus tres cruces se hacen canto en la contemplación del majestuoso Macizo de Gredos, desde donde don Miguel de Unamuno hablo con Dios y de su patria, con estos versos:

!Alma de mi carne, sol de mi tierra 
Dios de mi España,
que sois lo único que hay, lo que pasó,        
no la eterna mentira del mañana,
aquí en el regazo de la sierra
aquí entre vosotros, aquí me siento yo!
 ………………………

Esta es mi España, un corazón desnudo
de viva roca
del granito más rudo
que con su cresta en el cielo toca
buscando al sol en mutua soledad;
esta es mi España,
patria ermitaña,
que como al nido torna siempre a la verdad. 


        Valdeverdeja alza su bello Vía Crucis desde su Iglesia Parroquial a la ermita de Ntra. Sra. De los Desamparados, con magnificas vista a un paisaje berroqueña.

        Quien paseen o asciendan en un acto religioso de fe a los Calvarios o Via Crucis, de estos pueblo, al contemplar mi tierra, quiero que miren y escuchen estos versos de Gabriel y Galán:
  
¿Te place la patria mía?
No en sus hondas soledades 
busques con vana porfía
la estrepitosa alegría
de las doradas ciudades.

El campo que esta a tus pies
siempre es tan mudo, tan serio,
tan grave como lo ves.
No es mi patria un cementerio,
pero un templo si lo es. 
 





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