Los calvarios de mi tierra
Santas
cruces, santas cruces
que alzaron nuestros abuelos
desde el pueblo a la colina
que se alza a orilla del pueblo
que alzaron nuestros abuelos
desde el pueblo a la colina
que se alza a orilla del pueblo
con memorando el sublime
sacrificio del cordero.
Poco a poco, santas cruces
vais cayendo, vais cayendo,
y conforme caéis, caen
la paz del hogar doméstico
y la paz de la república
que a vuestro pie florecieron.
sacrificio del cordero.
Poco a poco, santas cruces
vais cayendo, vais cayendo,
y conforme caéis, caen
la paz del hogar doméstico
y la paz de la república
que a vuestro pie florecieron.
Antonio Trueba
El Beato Álvaro
de Córdoba (Zamora 1360? Córdoba 1430).
Después de volver de una peregrinación en 1419 a Tierra Santa, quedó impactado
en el corazón, por el doloroso Camino del Calvario, recorrido por Cristo. Fundó
en las afueras de Córdoba el famoso y observante Convento de Scala Coeli donde
había varios oratorios que reproducían la “vía dolorosa”, por él venerada en
Jerusalén. Esta sagrada representación fue imitada en otros conventos, dando
origen a la devoción a la "vía dolorosa" o Vía Crucis
en España que después fueron imitadas por toda la cristiandad.
A mediados del siglo XVI el noble
sevillano don Fadrique Enrriquez de Ribera, de la estirpe de los Adelantados de
Andalucía, I Marques de Tarifa, visito un siglo después Tierra Santa. Contó los
pasos desde donde se creía estuvo el pretorio de Pilatos hasta el Gólgota donde
fue sacrificado Cristo. A su regreso a
Sevilla creo un Vía Crucis, desde su casa, que, a partir de entonces, sería popularmente conocida como
Casa de Pilatos, residencia actual de los Duques de Medinaceli, hasta la última cruz,
denominada La Cruz del Campo, por estar esta en el siglo XVI en el campo, que
luego daría su nombre a una popular cerveza sevillana.
Desde muy antiguo, la diócesis de
Ávila, a la cual perteneció la comarca del Campo Arañuelo Toledano, a excepción de Alcolea y Puente del
Arzobispo (que pertenecían a la Diócesis de Toledo), se recomendó levantar Vía Crucis en las diferentes parroquias de
nuestra tierra, entre los que destacan, por su belleza y peculiar estetica los de:
El de Las Ventas de San Julián, que
asciende a un montículo o promontorio desde donde se divisa la Cañada Real
Leonesa Occidental tan usada durante centurias por los rebaños acogidos al Real
Consejo de la Mesta, que en su lento caminar inspiraron los versos a Antonio Machado:
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes,
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.Ascender hasta su cima constituye un agradable paseo que invita al soliloquio, pues como dice Antonio Machado: “quien habla solo espera hablar a Dios un día”.
El de El Torrico ha dejado sus restos
entre casas, por una calle, que bien podía llamarse Calle de La Amargura, donde la Virgen
se encontró con su hijo. Va en dirección al camino que conduce a la ermita de Santa Ana, y desde donde se nos presenta majestuosa la Sierra de Altamira, antiguamente llamada de Los Carvajales, por donde transcurre el camino hacia el Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe y con López de Ayala proclamar con sus versos:
Sennora, por cuanto supe
tus acorros, en ti aspero,
e a tu casa en Guadalupe
prometo ser romero.
El de Herreruela de Oropesa, partiendo de
la Parroquia de San Ildefonso, asciende hasta la Sierra de la Ventosilla, donde
tres cruces nos recuerdan la crucifixión de Cristo y desde donde podemos ver
una de las panorámicas más majestuosas de nuestra tierra, y en silencio recitar los versos de Gabriel y Galan:
Yo he nacido en esos llanos
de la estepa castellana,
donde había unos cristianos
que vivían como hermanos
en república cristiana.
Me enseñaron a rezar,
enseñáronme a sentir
y me enseñaron a amar;
y como amar es sufrir,
también aprendía a llorar.
de la estepa castellana,
donde había unos cristianos
que vivían como hermanos
en república cristiana.
Me enseñaron a rezar,
enseñáronme a sentir
y me enseñaron a amar;
y como amar es sufrir,
también aprendía a llorar.
El de Lagartera sube entre huertos y
olivos hasta un promontorio donde la Capilla del Fraile (altar) y sus tres
cruces se hacen canto en la contemplación del majestuoso Macizo de Gredos, desde donde don Miguel de Unamuno hablo con Dios y de su patria, con estos versos:
!Alma de mi
carne, sol de mi tierra
Dios de mi España,
que sois lo único que hay, lo que pasó,
Dios de mi España,
que sois lo único que hay, lo que pasó,
no la eterna mentira
del mañana,
aquí en el regazo de la sierra
aquí entre vosotros, aquí me siento yo!
aquí en el regazo de la sierra
aquí entre vosotros, aquí me siento yo!
………………………
Esta es mi España, un corazón desnudo
de viva roca
del granito más rudo
que con su cresta en el cielo toca
buscando al sol en mutua soledad;
esta es mi España,
patria ermitaña,
que como al nido torna siempre a la verdad.
Valdeverdeja alza su bello Vía Crucis
desde su Iglesia Parroquial a la ermita de Ntra. Sra. De los Desamparados, con
magnificas vista a un paisaje berroqueña.
Quien paseen o asciendan en un acto religioso de fe a los Calvarios o Via Crucis, de estos pueblo, al contemplar mi tierra, quiero que miren y escuchen estos versos de Gabriel y Galán:
¿Te place la patria mía?
No
en sus hondas soledades
busques con vana porfía
la estrepitosa alegría
de las doradas ciudades.
El campo que esta a tus pies
siempre es tan mudo, tan
serio,
tan grave como lo ves.
No es mi patria un cementerio,
pero
un templo si lo es.
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